Número 27

Número 27

SALVADOR ALLENDE, A TREINTA AÑOS DE SU MUERTE

Sergio Grez

¿Cómo abordar desde un punto de vista ensayístico al personaje histórico Salvador Allende? Me propongo adoptar una perspectiva de larga duración que lo inserte en el transcurrir general del movimiento popular en Chile, y sostener tres premisas:
1) Salvador Allende encarnó mejor que nadie desde mediados de la década de 1930 y hasta su muerte en 1973 la continuidad histórica y la línea central de desarrollo del movimiento popular.
2) Salvador Allende encarnó la dialéctica no resuelta de reforma o revolución.
3) Desde la perspectiva de la historia del movimiento popular el golpe de Estado de 1973 representa un quiebre total, un “puente roto” que no se ha vuelto a reparar. (…)

Jacques Chonchol

Yo no voy a hacer un análisis ni de la persona ni de la trayectoria política de Salvador Allende. Primero, no soy historiador ni tampoco fui compañero de Allende toda su vida. Lo conocí fundamentalmente en los últimos años. Yo venía de otra corriente política que era la Democracia Cristiana en cuyo partido, a fines del 68, se produjo una ruptura: salimos un grupo de militantes para constituir el Mapu que fue parte de la Unidad Popular hasta que una parte del Mapu se transformara en Izquierda Cristiana que también formó parte de la Unidad Popular. (…)

Ricardo Núñez

Desde el punto de vista histórico, creo que es muy poco objetivo que nosotros sólo miremos a Salvador Allende disparando desde la Moneda el 11 de septiembre contra los tanques que asediaban el palacio presidencial. Allende es mucho más que eso. Fue mucho más que aquel día que lo inmortalizara.
Desde luego fue hijo de las grandes contiendas sociales, de las luchas populares de fines de los 20 y principios de los años 30. Siendo estudiante de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, fundó el grupo Avance; espacio de jóvenes universitarios que, proviniendo de sectores acomodados de nuestra sociedad, poseían un fuerte compromiso con las ideas de izquierda, con las ideas progresistas, con la lucha por la liberación de los más explotados de nuestra patria. Ese grupo tuvo un rol protagónico en la derrota de la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo en 1931 y en la recuperación de la libertad y la democracia. (…)

Sergio Micco y Mauricio Jelvez

No es fácil hablar de Salvador Allende para quienes no fuimos sus partidarios. Menos en esta fecha en que se conmemoran treinta años de su trágico suicidio. No lo es tampoco porque se trata de la vida pública que se prolongó por más cuatro décadas. Y a un hombre no se le puede juzgar por el destello final de su vida, por fulgurante que este haya sido. Los griegos sólo proclamaban felices a los hombres que ya muertos habían hecho de sus vidas un relato digno de ser contado y admirado. Y los católicos proclaman santo a quienes ya largamente se han separado, primero espiritualmente y luego corporalmente, de la condición humana. Quisiera entonces hablar de Allende a la luz de la mirada larga de su vida entera y hacerlo utilizando como prisma los valores que la tradición republicana dice deben caracterizar al líder de un pueblo. (…)

ANTES DE….: LOS ESTADOS DE ÁNIMO DE LOS ACTORES POLÍTICOS DURANTE LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA UNIDAD POPULAR

Ricardo Hormazábal

Me enteré del golpe a las siete de la mañana. Me encontraba en Costa Rica: yo era el presidente de la Juventud Demócrata Cristiana y había informado la noche anterior que estábamos buscando los acuerdos para una salida democrática a una situación política que era angustiosa. Sólo pude volver a mi patria en el avión que salió a dejar a la Selección Chilena el 18 de septiembre para ir a jugar a Moscú . (…)

Jorge Insunza:

Efectivamente, la primera página del diario El Siglo -que nunca circuló- decía “Cada cual a sus puestos de combate”, porque el riesgo del golpe estaba muy seriamente presente entre nosotros como una inminencia. Esa conversación de Prats con Allende a la que alude Hormazábal refleja la gravedad del momento que se vivía. Para ser claro y honesto, yo quiero decir, respecto del comportamiento de Hormazábal en esos días, que se parecía mucho más al comportamiento de los 13 que, con coraje, condenaron al golpe de estado el 13 de septiembre (Tomic, Leighton, Ruiz-Esquide, Huepe y otros) que al de la mayoría de la directiva demócratacristiana que pavimentó conscientemente el camino del golpe. (…)

Jaime Gazmuri

En los últimos días antes del golpe militar, yo tenìa 29 años y era dirigente de uno de los partidos de la Unidad Popular, un partido nuevo surgido en 1969 de una escisión de izquierda de la Democracia Cristiana y de muchas otras fuerzas que militaban: un partido –el Mapu- que se dividió en Marzo del 73, quizás por ser un partido joven y frágil en el que se expresaban con particular intensidad las contradicciones que atravesaban la Unidad Popular. Esas contradicciones se daban entre los que Jorge Insunza acaba de llamar, en esta misma mesa, los “sectores responsables” (entre los cuales se encontraban, efectivamente, él y yo tambièn, junto con los compañeros del Partido Radical y el Presidente Allende) y los sectores –a los que no me gustaría calificar- de aquellos que estaban fuera de la Unidad Popular y de su proyecto: el MIR. (…)

EL PENSAMIENTO DE LA DERECHA EN CHILE Y LA UDI

Sofía Correa Sutil

Hablar de la derecha en Chile significa remontarse a la década de 1930 cuando el control que la elite decimonónica ejercía sin contrapesos sobre el Estado es disputado seriamente por fuerzas de izquierda de inspiración marxista. No es casual que la retórica populista de Arturo Alessandri en 1920 se vertiera en un discurso en el cual estos conceptos estaban ausentes; en vez, el León de Tarapacá solía referirse, como bien sabemos, a la canalla dorada y a su querida chusma. La sublevación de la escuadra en 1931, y sobretodo la implantación de la República Socialista a partir de un golpe de Estado encabezado por un coronel de Ejército, dejaron meridianamente claro que las fuerzas tradicionales no podían descansar sin más en los militares para contener los ímpetus revolucionarios de esos tiempos. Si bien la creación de un ejército paralelo formado por civiles en armas, la Milicia Republicana, es un reflejo de tal desconfianza, y aunque tanto Liberales como Conservadores propusieron la adopción del voto plural (más de un voto por cada hombre), en definitiva, la respuesta de la elite decimonónica al desafío de la izquierda socialista se terminó por plasmar dentro del orden institucional, en el sistema democrático representativo tal como había quedado consagrado en la Constitución de 1925, cuestión sobre la que volveré más adelante.

Rodrigo Baño

Durante un largo tiempo, la estrategia política de la derecha estaba fundada básicamente en su control del sector agrario. Todos los contadores de votos sabían que había una relación muy estrecha entre la votación que favorecía a la derecha y el predominio de las estructuras agrarias, por ejemplo, en el Sur. Casi entrando a la década del 70, todavía se mantenía un control de la derecha en el sector del campesinado de acuerdo a esta relación entre la estructura de la economía y el posicionamiento político de las poblaciones . Se producen algunas transformaciones en este esquema de correspondencia entre sectores sociales y representación político-partidaria dentro de los sectores dominantes (la aristocracia terrateniente será poco a poco reemplazada por otro tipo de burguesía y de empresariado nacional), de las capas medias (la burocracia pública se ve poco a poco sustituida por un crecimiento de la pequeña burguesía privada), etc… Me interesa fundamentalmente aquí las transformaciones que se van produciendo en los sectores populares. (…)

Alfredo Joignant

Durante mucho tiempo se ha hablado en Chile de la existencia de dos derechas distintas entre sí, una de raíz más bien “conservadora” y otra de raíz “liberal”, y buena parte de la historia política chilena del siglo 19 y de dos tercios del siglo 20 se explicaría a partir de los vaivenes de este binomio situado a la derecha del espectro político. La literatura marxista chilena de la década del 60 y del 70 introdujo la distinción entre derecha “política” y derecha “económica”, complejizando un poco más el análisis del universo político y sociocultural de estas derechas, pero sin poner de relieve lo característico de la derecha chilena: los fenómenos de simbiosis e imbricación de los espacios político y económico a partir, por ejemplo, de las estrategias de alianzas matrimoniales que, siguiendo a Bourdieu, son estrategias profilácticas –hechas para mantener a distancia a otros grupos sociales- que delimitan la construcción de espacios sociales propios marcados por la exclusión de otros mundos, tal como caracterizan a la derecha chilena. (…)

Antonio Cortés Terzi

En Chile ningún otro partido o vertiente política tiene, como la UDI o la neoderecha, una tan convencida y arraigada idea de ser destinatario y continuador de una misión histórica refundacional totalizadora, esto es, que comprende una reconversión integral del país. Por cierto que una de las matrices de tal convicción se encuentra en la filosofía, explícita o implícita, que subyace en el neoliberalismo económico. Pero hay otro antecedente que gravita tanto como aquel y que lo potencia por sus características más empíricas. En efecto, el pensamiento de la UDI no se hace enteramente comprensible si no se toma en cuenta la influencia culturizadora y educativa que tuvo en ella su experiencia como partícipe del régimen militar y la atmósfera ideológica que la dictadura creó y desarrolló para cimentarse y justificar su prolongación en el tiempo. A mi juicio, esa influencia fue determinante en la configuración de su sentido de misión refundacional y, sobre todo, en el sesgo maximalista que ese sentido reviste. (…)

Carlos Ruiz Schneider

Querría partir por sostener que, a mi juicio, el pensamiento político de la derecha chilena experimenta, desde fines de la década de los 60, una importante renovación, de tanta o mayor radicalidad que la que vive la izquierda, y que apenas es percibida por los analistas políticos que no pertenecen a ese sector.
Parte de esa renovación proviene de una revitalización de tradiciones de antigua data en la derecha, pero que habían pasado a ser marginales a partir de la década de los 40 y 50 y que cobran nueva vigencia conforme se ahonda la crisis hegemónica que viene afectando a las bases sociales de la derecha con el proceso de profundización de la democracia que vive Chile desde mediados de la década de los 60. Las más importantes de estas tradiciones se vinculan a un tipo de pensamiento nacionalista y autoritario, vinculado en su época a figuras políticas como la del General Ibáñez, y a un proyecto de estilo corporativista con influencia sobre todo en los sectores más conservadores del catolicismo. (…)

EL DISCURSO PÚBLICO SOBRE LA MORAL SEXUAL

Kathya Araujo

En 1996 los diarios santiaguinos consignaron, unos con más fervor que otros ciertamente, la airada respuesta de la iglesia católica a la propuesta por parte del gobierno de un programa de prevención en sexualidad: las llamadas Jornadas de Conversación en afectividad y sexualidad (JOCAS). Entre 1996 y 1997, voceros de la iglesia participaron en la disputa calificando esta propuesta como una simple cobertura para la entrega de condones a los jóvenes. Al mismo tiempo, usaron como argumento en contra, la supuesta ausencia de preocupación moral que lo orientaba. Del mismo modo, denunciaron el carácter perturbador de los principios familiares que implicaban las Jocas, pues consideraban que al poner en el mismo nivel la palabra de los padres, de los profesores y la de los jóvenes, desdibujaba lo que debería ser la preeminencia de la función parental. La iglesia, no sólo consiguió postergar el inicio de la implementación de este programa, sino que obligó al gobierno a sentarse a negociar con ella. El programa fue modificado, pero, además, la iglesia consiguió que el gobierno reconociera, con satisfacción, habría que acotar, que había “conversado con ella y llegado a un acuerdo”, admitiendo públicamente, de esta manera, el peso de esta institución y su derecho a intervenir e influir decisivamente en el ámbito de los asuntos públicos sobre sexualidad. (…)

Guadalupe Santa Cruz

(…) Un representante histórico de la derecha chilena sale recientemente a la defensa de un torturador, responsable de sistemáticos crímenes y horrores durante largos años, desmintiendo la acusación de sus numerosas víctimas a partir de un detalle aparentemente nimio: el perfume de quien se parapeta hoy bajo el libelo de “analista de inteligencia” manifiesta, por un lado, la poderosa intimidad de aquella derecha con los agentes del terror y muestra en su cruda luz –que era, entonces, la ceguera de la venda– la impotencia de la palabra de quienes buscan a tientas hacer justicia hoy. Hay algo en esta bifurcación de los discursos –entre la frivolidad política que enmascara las violencias y la imposibilidad de brillo de las experiencias que cuestionan a lo político–, hay algo en la asimetría de la palabra, que nos fue familiar y nos sigue siendo familiar. Una ex presa denuncia las vejaciones sexuales a las que fuera sometida, bajo dictadura, por el actual Jefe de Investigaciones y éste último suscita una cadena de espaldarazos de sus pares, interrumpida por el testimonio colectivo de otras ex presas que recuerdan públicamente -hacen memoria colectiva para sí y para el país- que las prácticas sexuales denigrantes eran sistemáticas en las formas de tortura a las mujeres. (…)

TRANSFORMACIONES HISTÓRICAS E IDENTIDADES CULTURALES

Jorge Larraín

Como lo han sostenido algunos autores, “la identidad sólo es un tema cuando está en crisis, cuando algo que se supone fijo, coherente y estable es desplazado por una experiencia de duda e incertidumbre.” La identidad se convierta en un problema en los períodos de inestabilidad y crisis, cuando hay una amenaza a los modos establecidos de vida. En situaciones de paz, prosperidad y confianza en el futuro, la identidad se da por sentada, no hay motivos para que surja la pregunta por la identidad. Por eso nuestros últimos 30 años han sido especialmente ricos en discusiones sobre la identidad nacional. Hay que reconocer, sin embargo, que la amenaza a los modos establecidos de vida, las dudas y la incertidumbre empezaron antes de 1973. Para muchos comenzaron con la elección de Salvador Allende en 1970. No me cabe duda que ella precipitó al país en una crisis, pero el golpe militar en vez de solucionar la crisis la profundizó aún más, haciendo surgir nuevas dudas sobre la identidad. Esas dudas tienen que ver con la capacidad de los chilenos para seguir considerándose miembros de la misma comunidad imaginada. (…)

Maximiliano Salinas:

¿La alegría ya viene? ¿Vino? ¿Para quién? ¿Vino y se fue? ¿Cuál es la buena nueva? ¿Existe una buena nueva? ¿Alegría o no? Hace diez años, al cumplirse veinte años del golpe de Estado de 1973, centenares de adherentes a Pinochet se congregaron frente a su domicilio con diversos lienzos y pancartas. Uno decía: “Las Condes siempre leal hacia usted general Pinochet”. Pero un lienzo se destacaba especialmente, pues decía con grandes caracteres: “Basta de alegría. Que vuelva la seriedad” (La Nación, 11.9.1993). ¿No será más conveniente decir no a la alegría y que vuelva la seriedad? ¿Cuál es la seriedad que se busca en vez de la alegría? ¿Es la seriedad de Occidente? ¿La que ha desconfiado siempre del humor? (…) Somos occidentales y cristianos, y como tales, serios. Como escribió en su juventud el actual rector de la Universidad Diego Portales, Manuel Montt Balmaceda: “Al recorrer las páginas del Santo Evangelio, observamos que si bien Nuestro Señor Jesucristo gozó, sufrió y aun lloró como un hombre, sin embargo nunca rió… Lo risible, constituye, pues, una imperfección del hombre,…” (Manuel Montt Balmaceda, Reflexiones sobre lo cómico y sus formas, Revista Escolar de los Sagrados Corazones, 1944). (…)

REDEMOCRATIZACIÓN Y PACTO NEOLIBERAL

Manuel Antonio Garretón

Más que repetir cosas ya escritas, voy a tratar de reflexionar sobre el tema planteado en el título de la mesa: “Redemocratización y pacto neoliberal”. Yo hablaría más bien de “Neoliberalismo y pacto de redemocratización”, en el sentido de que yo no creo que exista algo así como un pacto neoliberal. Cuando hablamos de pactos, hablamos de algo complejo que posee distintas significaciones. Es diferente, por ejemplo, es hablar de pacto electoral, de pacto de gobierno, del pacto fundante de un régimen político. Cuando los sociólogos o los cientistas políticos hablan del pacto que funda el Estado de bienestar, por ejemplo, están hablando más bien de un pacto de clases. Podríamos decir, entonces, que cuando hemos hablado del Estado de compromiso en Chile, entre los años treinta y sesenta, hablábamos de un cierto pacto, a veces ni siquiera explícito, que conllevaba industrialización, expansión del Estado, democracia política y social. Aunque también significaba la exclusión del campesinado y del mundo poblador, básicamente, ese pacto –que, obviamente, no se firmó nunca como acuerdo- era un pacto de inclusión social, de incorporación creciente de la población a la modernización social. (…)

Carlos Huneeus

(…) La modernización chilena se puede comparar con la que hubo en Alemania y España porque se hizo en un régimen autoritario, el que fue un estado dual , caracterizado porque, junto a la alta coerción, tuvo una racionalidad económica de carácter neoliberal que buscó echar las bases del despegue económico del país a través de profundas y ambiciosas reformas que se proponían contribuir a la legitimidad del orden político.
Los dos rostros del autoritarismo estuvieron estrechamente vinculados entre si y se complementaron. La cara coercitiva proporcionó óptimas condiciones políticas al equipo económico para llevar adelante su programa, disponiendo de una amplia discrecionalidad para actuar, sin interferencias por parte de los militares. Las reformas económicas permitieron a los uniformados presentarse como eficaces gobernantes, capaces de superar la gravísima crisis económica que tenía el país al momento del golpe de estado. De ahí que ese período de la historia de Chile no sólo está asociado a los crímenes, sino también a la modernización económica. (…)

José Antonio Viera Gallo

Quisiera precisar el lugar desde donde voy a tratar de reflexionar en esta mesa. Primero, el lugar de una persona que sobrevivió a la tragedia política enorme que dividió a este país. Y segundo, el lugar de quién atravesó –como quienes están en esta mesa- un cambio civilizatorio y de época, marcado por la caída del muro de Berlín, la globalización, etc.. No es fácil haber pasado por dos épocas tan diferentes. Quiero hablar de la política que hago todos los días, pero con cierta esperanza y no con el desánimo permanente que recorre los ambientes de la izquierda. Ayer, estuve en una reunión ampliada en el Partido Socialista y lo único que escuché son quejas, lamentos, críticas y desazones. De ahí a no hacer nada, hay sólo un paso. Y, por cierto, es muy difícil votar por fuerzas políticas tan quejumbrosas. (…)

REIMAGINAR LA IZQUIERDA

Carlos Ruiz

Esta invitación a reimaginar la izquierda implica el supuesto -compartido- de que la izquierda actual está agotada. Reimaginar la izquierda implica el desafio de pensar más allá de los convencidos. Implica pensar una alternativa para amplios sectores que no se definen de izquierda. Implica pensar el país -no sólo una parte de éste- y forjar una vocación de disputa de conciencias con una derecha que avanza.
La izquierda concertacionista dejó de hacerlo porque se redujo a administrar un modelo económico y político heredado (esto último, olvidado a menudo). La izquierda extraparlamentaria no lo hace porque está consumida en un afán de resistencia, de sobrevivencia (reducida a afirmar un existimos, arrastra una prolongada crisis de incidencia). (…)

Tomás Moulian

Ahora en Chile, tenemos un neoliberalismo triunfante cuyos aparatos ideológicos son los diarios y las universidades. En Chile, hay cerca de 30 o 35 universidades que están en mano de movimientos conservadores católicos o de grupos de derecha organizados. Hay un neoliberalismo que ha generado creencias que se difunden en el sentido común de las masas gracias a poderosos aparatos de socialización que nos dicen que la sociedad de mercado (no la sociedad con mercado sino la sociedad de mercado), es la única forma racional de organización de la vida humana, como si se tratara de una “necesidad histórica”. Hoy hasta los pobres votan por alguna de las dos ramas del modelo neoliberal: la rama originaria (la derecha) o su rama reproductora (la concertación). Pese a ser este un país con pésima distribución del ingreso, Chile es un país sin movimientos sociales y esto sólo se explica por esta gigantesca máquina de vaciamiento de sentidos que es el consumo. La máquina neoliberal ha demostrado en Chile que no necesita de una dictadura, que puede convivir con una democracia pero sólo con una democracia protegida que cuenta con la despolitización masiva de la población a la que le hace creer que la discusión sobre los fines está zanjada. Así ocurre con la Alianza por Chile y la Concertación que no tienen mayor diferencia en cuanto a las finalidades (las dos quieren una sociedad de mercado) sino sólo en cuanto a los medios para realizarlas. Tenemos una izquierda capturada por el modelo neoliberal (la concertacionista) y una otra izquierda (la de Gladys Marín) que es creible sólo en clave romántica como una izquierda honesta y valiente, pero que no ha sido capaz de proponer una alternativa. (…)

DEBATE HISTORIOGRÁFICO Y PASADO NACIONAL

María Eugenia Horvitz

A treinta años del Golpe de Estado, una parte importante de los secretos de los poderes públicos y privados ha quedado al descubierto. La explosión de la memoria de las víctimas de la fuerza y del encubrimiento del pasado reciente de los chilenos ha traspasado los límites de los resguardos púdicos e impúdicos de nuestras fotos de familia. En el álbum de los recuerdos aparece la imagen y la letra de “la intervención encubierta” y sistemática – agrego yo- de la CI.A. Tampoco han estado ausentes los hechos ocurridos el 11 de setiembre de 1973 : el Presidente Allende con pocos de los suyos, defendiendo los símbolos de la democracia, entre ellos su investidura, ofrendando su vida para dejar las pruebas de las traiciones y del abandono de los deberes éticos de militares y civiles. Ya no podremos ser los mismos de anteayer. La paz que muchos pensaban haber alcanzado se les fue y se nos fue de las manos. (…)

CRÍMENES, JUSTICIA Y REPARACIÓN

Carmen Hertz

En Chile, el desafío de imponer principios como la verdad y la justicia –soportes ineludibles de la reconstrucción moral de nuestras sociedades- ha sido un camino lleno de obstáculos puestos por todopoderosos intereses, determinados por las características propias de los procesos de transición a la democracia en que la permanencia de los llamados “poderes fácticos” ha significado que desplegaran todo su poder para asegurar la impunidad de los crímenes cometidos. Esta actividad ha limitado considerablemente la plena vigencia del estado de derecho y el alcance de la plena democracia, propiciando la intervención del poder político para buscar “salidas políticas” al tema de las violaciones a los derechos humanos, salidas que han intentado siempre excluir el tema de la justicia. Las presiones de los denominados “poderes fácticos” fue especialmente patente durante la detención de Pinochet en Londres y el desarrollo del caso Pinochet en Chile.

Miguel Vicuña

¿Qué significa “crimen”? ¿De qué “crímenes” son todos estos “criminales”? ¿Qué está involucrado en la condición “criminal” de ciertos eventos, en la seña de “crimen” que emiten algunos actos singulares, mas no por tales menos complejos y plurales, actos en los que está implicada la historia plural y en gran parte anónima de los seres humanos? La voz latina crimen que persiste e insiste en nuestra lengua castellana significa “acusación” y “reproche”, pero también el “acusado” o “inculpado” y aun el “autor” o la “causa” de un mal; más frecuentemente el delito mismo, la falta, el vicio y hasta lo inconveniente o desfavorable de ciertas condiciones o cosas. Crimen tiene que ver con el mal y con aquello que lo causa, con una condición que se exhibe como auctor y como responsable de un mal o unos males que son asunto de enjuiciamiento común. Y esta voz remite a la expresión griega to krima, el “juicio”, la “sentencia”, la “condena”, la “pena”, sustantivo verbal que procede del verbo krino (“separar”, “discernir”, “juzgar”, “pensar”), el cual también da origen al término krisis, que es criba, separación y a la vez juicio, proceso, sentencia y aun aquella coyuntura decisiva que consiente designarse en castellano mediante el vocablo “crisis”. (…)

Roberto Garretón

Ante un público tan joven como el que está acá, quiero, primero, emitir un juicio respecto del gobierno de la Unidad Popular. Hemos visto en la televisión durante estos días las imágenes de esa época con un clima de agitación e incluso de alguna violencia, traducido en piedras, tarros de pintura, huevos, insultos y colas. Lo estamos viendo y eso hubo. Pero si analizamos al gobierno de Salvador Allende desde los estándares de derechos humanos vigentes en 1973 y los estándares -mucho más exigentes- del 2003, el gobierno de Salvador Allende “aprueba” porque no ocurrió ningún hecho que se pudiera calificar como crimen de lesa humanidad. Ni las piedras, ni los huevos ni las colas son factores de ilegitimidad. Un régimen deja de ser legítimo y se transforma en ilegítimo cuando usa el poder para violar los derechos humanos. Ahí sí podría justificarse un golpe de estado. En el gobierno de Salvador Allende, elegido democráticamente, no existió ni centros de tortura, ni campos de concentración, ni relegaciones y exilios forzados, ni desplazamientos forzosos, ni escuadrones de la muerte ni políticas de exterminio. Lo digo yo, además, habiendo sido opositor al gobierno de Salvador Allende que, en mi concepto, nunca fue un bien gobierno pero sì fue un gobierno constitucional y democrático. (…)

visitas:8766 - jhonqwerty