Número 31

Número 31

La Crítica: Revistas literarias, académicas y culturales

A la memoria de Enzo Faletto y Norbert Lechner

DEBATE

En esta sección pretendemos estimular, tomando como punto de partida el análisis de un libro de reciente aparición, la discusión en torno a temáticas relevantes de la actualidad latinoamericana. Nuestro objetivo no es realizar una exégesis crítica de la obra, sino más bien plantear y sugerir, a partir de ella, nuevas interrogantes a la investigación. En este debate sobre el libro de Norbert Lechner, La democracia en Chile (Buenos Aires, Editorial Signos, 1970), participan: Luis Barros, Enzo Faletto, Joaquín Duque, Inés Reca y su propio autor, Norbert Lechner.
REVISTA LATINOAMERICANA DE CIENCIAS SOCIALES, publicada por la Escuela Latinoamericana de Sociología, Instituto Coordinador de Investigaciones Sociales de la FLACSO) N°s 1 / 2, junio / diciembre, 1971.

Por las ramas de Araucaria de Chile

“Las recuerdo semanales, de todos los lunes, en París; entretenidas e interesantes, con mucha discusión, ideas proyectos, y aliviadoras de la nostalgia: eran las reuniones de la revista Araucaria, que yo asumía como una militancia de lujo. Mis imágenes no son demasiadas y son difusas y más estáticas que en movimiento. El tango se equivoca y, en este caso: veinte años es mucho, a pesar de su importancia en mí y en mi quehacer personal pues fue allí donde comencé a escribir sin pausa y porque fue allí donde conocí mejor, y desde dentro, del funcionamiento y de las relaciones humanas en el Partido Comunista de Chile, que yo había elegido para volcar mis inquietudes sociales y políticas, y que terminé por abandonar, hacia 1981, en silencio y con dolorosa dificultad… Entonces, es obvio, también me retiré de Araucaria pues era de partido y de “el Partido”, aunque no todos sus colaboradores ni lectores pertenecieran a él.”
Carlos Orellana, su Secretario de Redacción, ha contado su historia de la revista, y yo, una de las integrantes de su Consejo de Redacción, hablaré otra mirada, sabedora de lo que fue hacer la publicación en los algo más de cuatro años que en ella colaboré, estando menos enterada de los “tejemanejes” partidarios sobre ella que Carlos –a mi entender, en ocasiones, el verdadero Director-, pero más próxima a los rumores que la rodeaban y que, por lo general, sólo llegan a los militantes de base, tanto ayer como hoy, y en todas las agrupaciones políticas.


Soledad Bianchi

Algunas notas (autocomplacientes y hasta nostálgicas) sobre La Castaña

La Castaña se publica al inicio de los ´80, en un momento en que un sector de los “escritores jóvenes” se vincula más con la publicidad (trabajando, generalmente, como redactores creativos) que con la universidad intervenida. En ese ámbito laboral se produce el encuentro de escritores (principalmente poetas) y gráficos (diseñadores, dibujantes). Esta complicidad (de los currículos ocultos –vocaciones y políticos- de quienes trabajábamos en publicidad) era propicia para la incorporación de la irreverencia, el humor, el cómic; y la búsqueda de soluciones no-literarias ni académicas ni clandestinas para construir una “revista de poesía” (autogestionada, independiente, antidictatorial, progresista, de bajo costo, sostenida con trabajo voluntario, sin fines de lucro, de factura profesional). Obviamente, al revisar sus ocho números resulta ser más que una revista de poesía y no sólo –como se definía- “de humor, gráfica y poesía”.
Jorge Montealegre
Editor Revista La Castaña

Literatura, Economía, Política (fragmentos)

“Homenaje a Roberto Arlt”, el texto de Ricardo Piglia que cierra la colección de relatos Nombre falso, a primera vista gira enteramente en torno a la temática del plagio como eje para una nueva visión de lo literario. Esta visión ubicaría el acto de escribir entre los dos polos extremos de la originalidad, la cual resulta indeseable además de ser ilusoria, y la falsificación, la cual se vuelve deliberada hasta el punto de convertirse en un auténtico deber. En realidad, como otros críticos ya han sugerido, de lo que se trata en este relato sería de conjugar, a través de la idea de plagio, no a una sino a dos figuras claves de la literatura argentina moderna: no sólo a Arlt sino también a Borges. El proyecto consistiría en combinar las modalidades de ambos precursores en la dirección de una sola poética del relato, allí donde antes había un diálogo de sordos tributario de aquellas viejas polémicas, tan determinantes para la historia de la literatura argentina, en torno a los grupos de Boedo y Florida. Pligia franquearía por fin el abismo entre la literatura social y la autonomía del texto. Mostrar, mediante una práctica nueva del relato, la falacia de estas oposiciones y otras como la de compromiso y vanguardia: tal sería finalmente la ambiciosa síntesis posibilitada por la idea del plagio –todo ello, al parecer, sin necesidad de que se excedan los límites mismos de “lo literario”, con todo lo que esta noción encierra o promete.
Bruno Bosteels
Cornell University

Dos respuestas a algunas preguntas sobre la crítica literaria en Chile

El crítico literario (llámese Roland Barthes, Harold Bloom o Guillermo Sucre) no es, en nuestros días, un censor social de los escritores, ni tampoco el consejero u orientador de los lectores. Tiene una función propia, autónoma y, por ende, problemática: hacer “hablar” lo que cada texto calla irremediablemente, y hacerlo hablar en un lenguaje literario e intelectualmente coherente. Fue lo que hizo Georg Lukács en los ensayos de su juvenil libro El alma y las formas, y lo que hicieron Gastón Bachelard, Walter Benjamín…, y lo que hacen Maurice Blanchot, Octavio Paz, Roland Barthes, Edoardo Sanguinetti, Marthe Robert y otros.
Martín Cerda / Ensayista y crítico literario
Cualquier momento de una tradición enseña obras “moldeadas” por el esfuerzo de ajustarse a métodos consabidos y consagrados y, como contracara de tales ejercicios de albañilería, propone obras cuyo sentido se da en la producción de métodos que respondan a percepciones no codificadas de eso que llamamos “la realidad”. De esta perspectiva puede entenderse el trabajo de Huidobro, el de Juan Emar, el de Parra, el de Lihn. Más recientemente, el de Zurita o el de Juan Luis Martínez.

Cristián Huneeus / Escritor
Revista Cal
N°2, Santiago, julio 1979

Artes y Letras mercuriales, un suplemento del anacronismo

La idea del espíritu que presupone una esencia intemporal del hombre, indiferente a la historia, un cierto “reino de la libertad” que se realiza al margen de la contingencia, esa idea anima el Cuerpo E de “Artes y Letras” mercuriales. Se puede combatir en su nombre, pero, está claro, a favor de una concepción idealizante de la cultura que deje, en cada caso, el mundo donde está; pero, principalmente, el aire de la eternidad le sienta bien por una parte a los fatigados, por otra a los trepadores de poca monta que sólo aspiran a un ascenso. De todo hay en la mafia del señor dueño de la empresa. A él sólo le importa que sus agentes culturales postulen, a todo reventar, a una democracia del espíritu bloqueada por la carestía del libro.

Enrique Lihn (1984)
Texto publicado en Germán Marín (editor), El circo en llamas, Santiago de Chile, LOM, 1997

NÚMERO QUEBRADO

Tal vez puedan estas dos palabras –“número”, “quebrado”- aparecer como una designación genérica y natural de aquella periódica caminata –practicable en le imaginario trazado temporal de las páginas, según vieja costumbre moderna que en Chile, a pesar de la existencia de bastantes revistas, pereciéramos haber olvidado. A saber, la caminata por el utópico camino de la reunión del tiempo con su imagen inmóvil, suspensa. Desasido de la gramática del orden y de la sintaxis establecida, Número quebrado es, por cierto, sólo un modo o un caso del número –quizá solo el número de una periódica revisión, la cifra de una fragmentaria posición de visibilidad en el teórico teatro de lo invisible. Un puro riesgo, en la inminencia de la quiebra, del quiebre. Tal es, supongo, la autonomía del riesgo. Al fracturar las paganías como páginas, la fracción, número de la ruptura, vuélvese una o varias rutas divergentes (viae ruptae), verso y reverso dibujados en la sinuosa curvatura de nuestro constante naufragio, humano o demoníaco. Fracción o número que se pone bajo el signo de la ratio y su inmanente quebradura o crisis. Porque sólo existe como su propia fractura –crisis de la razón y razón de la crisis-, esta proporcional razón debe producir en cada tiempo el gesto de la crítica, gesto eminentemente moderno, si lo hay, en virtud y a pesar de su arcaica re-petición. Número o fracción que, por lo mismo, pónese igualmente bajo la enseña de lo plural y numeroso, de la armonía o concierto en que lo contrario y diverso, lo diferente y opuesto contrapone su ritmo y metro, graficando de tal forma la proporcionada razón del número: su diferencia. Un número para la transcripción de la diferencia, una ratio que expone su crisis como escritura (¿o música?). Número scripto-gráfico y diferencial.

Miguel Vicuña (Editor)
Editorial N°1, Septiembre-Diciembre 1988, Santiago

Dictaduras, memoria y modos de narrar:PUNTO DE VISTA, CONFINES, REVISTA DE CRÍTICA CULTURAL, H.I.J.O.S.

Hacia mediados de los años de 1990 y por una serie de circunstancias más o menos coincidentes, las revistas de que nos ocupamos en este trabajo –varias de Argentina, una de Chile- proponen y debaten en la argumentación o mediante el ejercicio del relato, una implicación entre el efecto político de “memoria” de su orientación crítica, y modos de narrar los hechos y los efectos del terrorismo de Estado en las últimas disctaduras argentina o chilena (incluidos casi siempre los períodos de agitación política que las precedieron). Por otra parte, cada una de estas revistas describe y debate cuál sería esa poética del relato, y encara el problema como definitorio de las condiciones históricas de las culturas en que interviene.

Miguel Dalmaroni
Texto publicado en Revista Iberoamericana N° 208-209 (2004). Editores Jorge Schwartz-Roxana Patiño.

EDITORIALES

Quienes comenzamos la revista (marzo de 1978), nos proponíamos reivindicar básicamente un derecho: el de seguir pensando, a través del ejercicio de la opinión, el disenso y la crítica que, por esos años, habían desaparecido prácticamente del espacio público… Sus lectores, casi un puñado de lectores-colaboradores en aquel principio, corroboraron la preeminencia que el hecho de existir como publicación periódica tenía por sobre cualquier otra cuestión, excepto una: en esta revista no se iba a publicar jamás un discurso dudoso respecto de la dictadura. La línea fue desde el principio una muy clara divisoria. Y además de ese campo nítidamente trazado, la voluntad de presionar sobre los límites de aquello que aparecía como posible al sentido común colectivo trabajado por el terror.

REVISTA PUNTO DE VISTA
Año X, Número 30, julio-octubre de 1987

Inactualidad, fin de fiesta

Pensamiento de los confines nació como revista en 1995 bajo la cifra de una crítica radical a situar ríspidamente en el mundo de la crítica cultural de avanzada, académica, política, filosófica, teórica, artística. Tres años más tarde, en mi libro Modernidad y cultura crítica también invierto los términos planteándome en discusión con la “naturaleza” de la crítica cultural –albañil de objetos, productos, equivalencias y dispositivos- para contraponer una cultura crítica que se abriese no a una nueva regulación de cuestiones escondidas supuestamente en otra maleta, sino a la crítica como constituible-inconstituible, a un fondo de silencio que no optimice intelectualmente la cultura. Un pensar hacia un horizonte extinguido de entrada, esto es, inalcanzable, que no mocione temáticas ni métodos de investigación superadores, apropiados, aportadores. Por lo tanto, un sitio de reingreso de lo reflexivo en su vacilación desnuda, en el desierto de la historia, hacia otra politicidad inevitable de las palabras. Entre una izquierda petrificada en sus argumentos culturales, una ex izquierda que descubría la panacea del individualismo neoliberal de mercado, un campo estético incapaz de pensarse a fondo en sus postcondiciones, y un academicismo inocuo y rancio, la intención de la revista en la Argentina fue romper con esos textos en uso. Romper con el éxito de las neorracionalidades, las recetas, la simplificación periodística del cientificismo social, las autoayudas teóricas y la gastronomía de los estudios culturales: todos ellos espacios reconocidos de crítica.

Nicolás Casullo
Director Revista Confines.

¿SE PUEDE SALVAR LA TEORÍA?

La discusión de ideas, la deliberación colectiva de los problemas que atañen a nuestra vida común, a nuestra vida como sociedad, están en baja en la Argentina. Parecería que cierta fugaz primavera que esta posibilidad de debatir colectivamente los asuntos públicos conoció durante cierto tramo de la década pasada se ha eclipsado ahora por completo: El modo de gobernarse hoy nuestro país, al modo de oponerse a quienes lo gobiernan, el modo –en fin- de “hacer política” hoy y aquí prescinde por completo de los debates, de la confrontación de argumentos, de la participación deliberativa de la gente.
No se trata, ésta que venimos de exponer, de una queja nostálgica y menos aún de una reivindicación corporativa de científicos sociales deseosos de poder protagonizar debates académicos más atractivos. No: se trata de un problema político de la mayor envergadura, puesto que lo que está en cuestión, en esta sustracción de las decisiones políticas generales del ámbito crítico del espacio público, es ni más ni menos que la democracia. Que no es otra cosa que el derecho a la participación activa de los hombres en la resolución, a través de la discusión, a través del libre uso de sus capacidades críticas en un contexto de cooperación, de sus problemas comunes. Ampliar los espacios donde esa deliberación, esos debates amplios de ideas y de proyectos puedan darse es hoy un imperativo político impostergable si aspiramos a defender, consolidar y profundizar una sociedad civil autónoma y democrática. Un imperativo político-cultural, habría acaso que decir. En efecto: Se trata –ni más ni menos- del intento de repolitizar el mundo de la cultura, y de reculturizar el mundo de la política.

El Ojo Mocho
Revista de Crítica Cultural, N° 5, Buenos Aires, Otoño de 1994

LA DICTADURA DEL CONSENSO

(…) Chile se nos aparece como un país dormido. La dictadura le dio el somnífero y la democracia no se ha atrevido a despertarlo, sino por el contrario , ha promovido el fetiche del consenso a bajo costo y la consigna “es mejor ganar cediendo que perder defendiendo las convicciones”. Los nuevos “ideales de desarrollo y modernización” nos han transformado en una nación aletargada. Pero en medio de esta veneración a la quietud quizás sea aún posible invitar a la discusión –iracunda si se quiere- y a la insurrección, porque ni el arte ni el pensamiento deben pleitesía a nadie. No sea que las rígidas telas del miedo nos envuelvan convirtiéndonos en la última momia descubierta en Sudamérica.

Revista “Lo”
N° 1, año 1, noviembre de 1992.
Los Editores (Andrés Claro, Patricio Fernández, Matías Rivas)

Apuntes, estrategias críticas y para la memoria

Son escasos, si no inexistentes, los artículos referidos a lo teatral que aparecen en las publicaciones dedicadas a las artes y las humanidades en Chile, editadas ya sea por departamentos o institutos de estética, de historia, de letras, de filología, de filosofía. La honrosa excepción, junto con la más reciente revista publicada por la U. Finis Terrae, es Apuntes de la Escuela de Teatro PUC, cuyos cuarenta y cinco años de publicación ininterrumpida, orientados y revitalizados por un atento comité editorial nacional e internacional, la mantienen como un puntal en este esfuerzo de generar un ámbito de crítica de lo teatral desde y en Chile.

María de la Luz Hurtado
Directora Revista Apuntes

Ciudad poética en la transición chilena

¿Cómo se imaginó y materializó la inserción de la producción poética en el nuevo escenario de la “transición democrática” en el Chile de comienzos de los noventa? ¿Hasta qué punto, los poetas que comenzaban a publicar hacia fines de los ochenta se insertaron en el circuito oficial, o se auto-marginaron, o se distanciaron de los espacios públicos e institucionales que se comenzaban a establecer en el naciente contexto de post-dictadura?
Una sugestiva experiencia respecto a este momento la encontraríamos en la gestación, edición, publicación y distribución de la revista Piel de Leopardo. En efecto, publicada por primera vez en agosto de 1992 y por última vez en marzo de 1995, sus cinco números traslucen una voluntad de intervención poética en el espacio ciudadano y público de la transición. Al mismo tiempo, en tardío gesto baudelariano, sus páginas testimonian la condición extraña y extrañada de lo poético en la escena urbana de la neo-modernización chilena. Por cierto, esto ya no se expresa por la vía del demasiado gastado símbolo del cisne, sino que se da a través de la excéntrica figura del leopardo, de la imagen de su piel, indómita y decorativa a su vez, inscrita de modo ambivalente en el espacio mercantil y estético de la ciudad chilena.

Luis E. Cárcamo-Huechante
Universidad de Harvard

Apuntes sobre MATADERO

Desde Santiago de Chile, buscábamos ¿buscamos? reflejar “qué se escribía o se escribe” ahora en América Latina, ante el notorio proceso de democratización que vivían casi todos los países de la región. En este sentido, el surgimiento de la revista comulgaba con el deseo y la necesidad presente en Chile y otros países, de hacer una serie de ajustes con la memoria, divulgando textos que contribuyeran a recuperar la identidad y a entregar la visión literaria de la historia reciente de la región. En ese entonces hablábamos de que la literatura también había sufrido la “fractura” y el “desaparecimiento”.

Milton Aguilar y Sergio Parra
Editores Revista Matadero

Esa extraña pasión nuestra por huir de la crítica

A veces pienso que Extremoccidente comenzó por su fin, que cuenta con la desdicha propia de todas aquellas cosas que partieron muriendo. A veces pienso que eso nos eximió de la obligación de tener una causa, que aventados por un común y maldito designio de la lengua, como siempre sucede, no contamos desde el principio más que con un inventario de términos imprecisos para designar una cosa intangible y que, conscientes de eso, tomamos el camino de hacer una revista sobre lo que hubiera a mano, una revista-collage, una revista-góndola, una revista-bazar.

Federico Galende
Director Extremoccidente

Algunas notas sobre DEBATE FEMINISTA

La teoría social, la reflexión política, el psicoanálisis, la filosofía, la literatura, la fotografía, son algunos de los hilos que se van tejiendo para armar la densa y sugerente trama de la revista, a partir de una mirada feminista que, como sucede con las mejores tradiciones del pensamiento, ejerce una crítica permanente sobre sí misma, privilegiando los cuestionamientos sobre las certezas, revisando una y otra vez sus presupuestos, imaginando, preguntando, desacralizando, subvirtiendo cualquier espacio de poder desde el poder de las “minúsculas”.
Sandra Lorenzano
Integrante comité editorial Debate Feminista

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